Pastores, ovejas y mapas: así avanza nuestro trabajo en los puertos de Babia | Programa CAMPUS RURAL
Llevamos varias semanas trabajando en los puertos de montaña de la Reserva de la Biosfera de Babia, dentro de la beca Campus Rural. En esta primera fase hemos revisado los estudios previos de la zona, presentado el proyecto en la Feria de Santa Marina de Quintanilla de Babia y comenzado a construir un mapa piloto de la evolución del matorral en el puerto de Traspando, comparando datos desde 2004 hasta hoy.- Y se ha encontrado que el matorral cubre más del 60% del puerto, que el aulagar avanza en una zona donde no lo esperábamos y que los registros oficiales de ganado no siempre coinciden con la realidad del campo. Todo esto, siempre en diálogo con los pastores de la comarca. Nos queda escalar el análisis a más puertos y seguir sumando información sobre suelo, geología y clima.
Llevamos ya varias semanas instalados en Babia, y ha llegado el momento de contar, con entusiasmo, en qué hemos empleado este primer tramo de la estancia. No ha sido un trabajo de una sola pieza: ha combinado archivo, campo, conversación con la gente de aquí y bastantes horas delante del ordenador dándole forma a los datos. Este texto recoge las tres preguntas que nos hacen más a menudo cuando nos cruzamos por los pueblos: qué hemos hecho, qué hemos encontrado, y qué viene ahora.
Empezar por entender lo que ya se sabía
Antes de pisar un solo puerto, dedicamos las primeras semanas a algo menos visible pero igual de necesario: revisar a fondo lo que ya se había investigado. La Reserva de la Biosfera de Babia cuenta con un estudio de referencia, realizado en 2012 por Cierzo Medio Ambiente, que caracterizó la productividad y la biodiversidad de siete puertos representativos. Ese trabajo no solo nos dio una base científica sólida sobre la que construir, sino también una lección metodológica importante: incluso los datos administrativos mejor intencionados pueden no coincidir con la realidad del terreno. Aquel estudio ya advertía que la clasificación oficial del tipo de ganado en cada puerto no siempre se correspondía con lo que de verdad ocurría en el campo. Guardamos esa lección, porque, como veréis más adelante, ha vuelto a aparecer.
Con esa base revisada, empezamos a reunir todas las fuentes de información disponibles para nuestro propio trabajo: cartografías de vegetación de distintas épocas, ortofotos, imágenes de satélite recientes y modelos digitales del terreno. Vinimos a Babia con un objetivo claro: ayudar a construir una cartografía temática de los puertos que sirva tanto para entender su estado actual como para anticipar hacia dónde están evolucionando.
Campus Rural 2026 en la Reserva de la Biosfera de Babia - trabajo de oficina de Mateo
Presentarnos al pueblo: la Feria de Santa Marina
Uno de los momentos más entrañables de estas primeras semanas fue el 18 de julio, cuando participamos en la Feria de Santa Marina, en Quintanilla de Babia. Preparamos una charla breve, pensada para todos los públicos, con un título que resume bien el espíritu del proyecto: «Pastores, ovejas y mapas: la memoria viva de los puertos babianos«.
No queríamos hacer una ponencia técnica, sino compartir algo mucho más sencillo: que los puertos de alta montaña llevan siglos moldeados por la trashumancia, que cada uno guarda nombres, cañadas y saberes que solo conocen quienes los han pastoreado y que nuestro trabajo con mapas no pretende sustituir ese conocimiento, sino ponerlo en valor y hacerlo visible también para quienes no han crecido entre estos pastos.
La respuesta de los participantes fue el mejor indicador de que merecía la pena: nos hicieron preguntas certeras sobre la gestión del ganado, sobre si nuestro trabajo iba a traducirse en restricciones (no es el caso) y sobre cómo podía ayudar a una futura marca de calidad para los productos ganaderos de la comarca. Esas conversaciones informales, muchas veces al final de la charla o durante la propia feria, han sido tan valiosas como cualquier dato de satélite.
Feria de Santa Marina 2026 - Quintanilla de Babia
Un piloto para aprender: el puerto de Traspando
En paralelo a la feria, empezamos a trabajar en el terreno técnico: la construcción de la cartografía de evolución del matorral. En vez de lanzarnos directamente a analizar los cuarenta puertos de la Reserva de la Biosfera de Babia, decidimos escoger uno solo, como piloto para probar y afinar la metodología antes de escalarla.
El objetivo es sencillo de enunciar y bastante más laborioso de ejecutar: entender cómo ha cambiado la superficie ocupada por brezal, piornal y aulagar entre 2004 y la actualidad, apoyándonos en todas las fuentes disponibles: una cartografía de vegetación digitalizada en 2004, ortofotos aéreas de 2009 y 2023, e imágenes de satélite Sentinel-2 de este mismo año, además de modelos de altura obtenidos por láser aéreo (LiDAR).
El proceso ha tenido de todo: hemos corregido errores de origen en los datos (una superficie que se repetía igual en todos los polígonos en lugar de calcularse individualmente), hemos probado herramientas de inteligencia artificial para automatizar la clasificación de la vegetación —con resultados que nos enseñaron más sobre los límites de la automatización que sobre los propios matorrales— y finalmente hemos optado por un trabajo de fotointerpretación cuidadoso, comparando visualmente cada zona del puerto entre las distintas fechas disponibles.
Campus Rural 2026 en la Reserva de la Biosfera de Babia - Ortofoto, LiDAR, Sentinel-2
Lo que ya sabemos y lo que nos ha sorprendido
Con el puerto de Traspando ya analizado para 2004 y 2009, tenemos los primeros resultados concretos, y alguno de ellos no era el esperado. El matorral, en conjunto, ocupa una parte muy importante del puerto: más del sesenta por ciento de su superficie en ambas fechas. Dentro de esa cifra, el brezal ha retrocedido ligeramente, de poco más de la mitad del puerto a algo menos, mientras que el aulagar ha ganado terreno de forma perceptible. Este último dato nos llamó especialmente la atención, porque el aulagar es una especie que prefiere suelos calizos y Traspando está clasificado como puerto de sustrato silíceo. Su presencia y su crecimiento sugieren que el puerto tiene más heterogeneidad geológica de la que su clasificación general deja entrever, probablemente por pequeños enclaves de roca caliza dentro de un entorno predominantemente silíceo.
También volvimos a encontrarnos con la lección que ya nos había dejado el estudio de 2012: los registros administrativos y la realidad de campo no siempre coinciden. El puerto de Traspando es de uso exclusivamente ovino; sin embargo, en otras épocas del año puede estar ocupado por otro tipo de ganado, especialmente bovino y equino. Entender qué animal pasta realmente en cada puerto es imprescindible para interpretar correctamente por qué su vegetación evoluciona de una manera u otra, ya que ovejas, vacas y caballos seleccionan y transforman el pasto de forma distinta.
Más allá de los números concretos, el aprendizaje metodológico ha sido igual de valioso: hemos comprobado que calcular porcentajes por número de parcelas, en lugar de por superficie real, puede llevar a conclusiones completamente opuestas a la realidad, y hemos aprendido a desconfiar de cualquier dato hasta haberlo verificado con un cálculo independiente.
Campus Rural 2026 - evolución del matorral en los puertos de montaña
Herramientas de hoy para preguntas de siempre
Una parte del trabajo que no se ve tanto desde fuera, pero que ha ocupado muchas horas, es la puramente técnica: aprender a manejar con soltura programas de información geográfica, imágenes de satélite y modelos del terreno para responder preguntas que, en el fondo, los pastores llevan generaciones respondiendo a ojo. Probamos incluso herramientas de clasificación basadas en aprendizaje automático, con la esperanza de que identificaran los tipos de matorral sin apenas intervención humana. El resultado fue instructivo: con pocos ejemplos de referencia, el algoritmo aprendía a reconocer bien lo más abundante, pero apenas acertaba con las especies menos representadas, como el piornal. Fue un recordatorio útil de que la tecnología no sustituye el criterio humano, sino que funciona mejor cuando se combina con él: al final, fue la revisión visual cuidadosa, comparando imagen a imagen y apoyándonos en los datos de campo ya validados, la que nos dio un resultado en el que confiar. Ese movimiento entre lo automático y lo manual, entre el dato de satélite y la comprobación sobre el terreno, resume bastante bien el espíritu con el que estamos afrontando todo el proyecto: ninguna fuente de información, por sofisticada que sea, sustituye a las demás; se trata de cruzarlas todas y quedarnos con lo que aguanta la comparación.
Lo que queda por delante
Con la metodología ya probada y ajustada en Traspando, el resto de la estancia se reparte en varias líneas de trabajo que continúan en paralelo. En primer lugar, queremos completar el análisis temporal del puerto piloto incorporando las imágenes de satélite más recientes, de manera que la comparación no se quede en 2009 sino que llegue hasta la actualidad. Después, el reto es escalar: aplicar el mismo procedimiento, ya depurado, a un número mayor de puertos del territorio, para empezar a construir una visión de conjunto y no solo de un caso aislado.
Tras evaluar el mapa piloto y así saber si continuar con la misma metodología para aplicarla en el resto de los puertos, seguiremos avanzando en las otras capas de la cartografía temática comprometida con la RB Babia: los usos del suelo, la geología y el clima de los puertos, que ayudarán a entender por qué la vegetación se comporta de forma distinta en cada zona. Y, muy importante, continuaremos las conversaciones con pastores y ganaderos de la comarca, porque los mapas más precisos no sirven de mucho si no dialogan con quien conoce el terreno palmo a palmo. Esa información de campo seguirá siendo, como hasta ahora, la que valide o corrija lo que vemos desde el satélite.
El horizonte final de todo este trabajo es doble: por un lado, aportar información útil para la gestión y conservación de los puertos de alta montaña de Babia, en un contexto en el que el abandono del pastoreo tradicional amenaza con perder estos paisajes; por otro, contribuir a poner en valor —con datos, pero también con relatos— un sistema ganadero que lleva siglos demostrando que se puede convivir con la montaña sin agotarla. Seguiremos contando cómo avanza.
